Mostrando entradas con la etiqueta Mi lado masculino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi lado masculino. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de agosto de 2012

Irina

Ayer vi a Irina. Llevaba el vestido azul que me gusta tanto. Ya lo llevaba en nuestro primer encuentro. Creo que conocí a Irina la noche que me despidieron de mi primer trabajo. O quizás fue en la reunión de personal. Ya no me acuerdo.
Yo nunca le gusté demasiado a Irina. No la culpo. Una mañana me dijo que a qué hombre se le ocurriría llevar al trabajo una camisa sin mangas. Ya ves tú. Ah, Irina. La verdad es que me había puesto muy gordo aquel año. Creo que fue también por aquel entonces cuando empecé a fumar. Fumaba mucho. Demasiado. Algunas mujeres me miraban lascivas cuando fumaba. Irina nunca lo hizo. Y la verdad es que tenía razón, apestaba.
Irina a veces me parecía estúpida. No recuerdo haber hablado con ella de otra cosa que de ella misma. Irina era estúpida, sí, pero qué piernas. Un día se levantó el vestido para abanicarse. Me parece que por eso decidí escribirle aquella carta. No me malinterpreten, no era una carta de amor. Aquello no era amor, no podía serlo. O quizás sí. Al fin y al cabo, qué sabrán ustedes del amor. ¡O yo!
Le dije que se viniese a casa después de cerrar, que había cambiado las sábanas para la ocasión. Nunca la había visto tan enfadada. Que a quién se le ocurre, dijo. Que quién me había pensado que era. Que esa no era la manera de tratar a las mujeres. La verdad es que me puso un poco cachondo. Se le meneaban las tetas mientras me gritaba. Y Señor, ¡qué tetas!
Poco después de aquello, la trasladaron. Nunca volví a verla. Hasta ayer. Y llevaba el vestido azul que me gusta tanto.

sábado, 23 de abril de 2011

Arena

-Estás muy bien desde que no nos vemos. ¿Cómo te va?

-La verdad es que me va genial. Aprobé la asignatura que tenía pendiente. Encontré trabajo. Me fui a vivir con Daniela.

Mentira. Desde que ella se fue, vivía bajo la BSO de las consecuencias, al ritmo de los órganos. Entre sístole y diástole. La semana pasada encontré tu liguero azul en mi casa- pensé. Sigo viviendo al día. Hoy es sólo un tirón. Y el amor. El amor aún no ha respondido sobre mí. Hoy mi realidad describe a un solitario. Es cierto que siempre hubo mujeres en la bodega. Pero yo estaba muerto. Fui un muerto atendiendo a los cuervos. Y todas eran iguales. Y ninguna como ella. Era como si alguien hubiera hecho copy & paste con mi vida. Con el tiempo incluso las trataba según un protocolo. Me tatué la costumbre. Ni rastro de la originalidad de la que con ella hacía gala. Siempre era la misma historia. Chico conoce a chica. Chica conoce mi vida y la rutina. Chica huye. No podía culparlas.

Pero tranquila, chéri. He tenido muertes peores. Tú ya sabes perderte. Yo sigo en mi camino. Cuando no seas arena, dejaré de encontrarte en él.

Sweet

martes, 8 de febrero de 2011

Mi chica

Mira, tío, ¿ves a aquella de allí? La morena. Esa es mi chica. Mira qué ojos, mira qué boca, mira qué manos, mira qué piernas. Mira con qué garbo pide un whisky. Mira con qué glamour enciende ese cigarrillo. Mira con qué soltura se mueve hacia aquí.
Y no sólo eso. Es capaz de seguir la letra de cualquier canción. La que sea. Y puede recitar de memoria los sonetos clásicos, recomendarme las mejores películas. Mi chica es tan inteligente...
Mi chica es capaz de bailar sin moverse del sitio, de componer silencios y de nadar entre las dudas. Mi chica es increíble entre las sábanas. Mi chica es alucinante.
Creo que la voy a cambiar por una de esas más planas.



Sweet